jueves, 29 de noviembre de 2018

Día III (y otros ratos)


Amanecer vomitando cascotes. Y justo arriba del esternón, una piedra. Una piedra filosa en el centro del pecho, entre las costillas, en el punto preciso en el que se anudan todas las nostalgias. Una piedra fría del color de la luna. Áspera como una puerta cerrada. Una piedra dormida que de a ratos se hincha y rasguña. 

Enturbia contornos, 
destiñe el aire. 

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